jueves, 10 de agosto de 2017

La persiana

Sabes, dice mientras se acomoda sobre la silla, me considero feminista. ¿Te consideras?, pregunta ella, y él responde que sí y agrega que todas las mujeres deberían ser feministas. El feminismo es transversal, comenta, en tanto posiciona sigilosamente su mano sobre la pierna derecha de la muchacha. Qué haces, pregunta ella. Entonces, él se aleja y prosigue su discurso, pero sin dejar de jugar bajo la mesa. Me debo ir ahora, piensa ella. Voy al baño, dice. Se mira en el espejo con rechazo. Por qué chucha erí siempre tan ilusa, se pregunta. No hay respuestas. 


Y al llegar del baño, en la mesa de ese bar, él la besa. Sin preguntas ni vacilaciones la besa. Frente al acto inoportuno, se para de inmediato. Su cuerpa tiembla y, en el intento de hablar, su voz se quiebra. Feminismo, recuerda que muchas veces él repitió en ese cuchitril. Feminismo, piensa con sarcasmo, mientras lo recuerda alabando el lesbianismo. Feminismo, murmura, antes de mirar con desprecia su silueta de macho empedernido y abandonar el lugar. 

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